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My World

viernes, junio 30, 2006 a las 7:37 p. m.

Extasiada

Y fue entonces que despertó del trance. Que sintió la primera bocanada de aire que no lograba percibir por años. Que pudo acariciar una suave brisa que bailaba alrededor de la habitación. Fue la primera vez que realmente se dio cuenta de que la sangre volvía a correr por sus venas. Palpó su piel y algo de calor emanaba. Su cuerpo daba espasmos, contorsiones, se volvía a mover como lo hacia antes. Se levantó, movió los pies y trató de dar los primeros pasos, cual recién nacido intentando caminar. Lo logró y comenzó a dar brincos de emoción. Se miró en un espejo y su piel dejaba de ser de un tono pálido y volvía el color a sus mejillas. Pudo reconocerse, como si nunca antes lo hubiera hecho y se deleitó con esa imagen que no parecía suya. Tocó su pecho y sintió como el corazón latía otra vez. Algo tenía en la cara, era una lágrima, hace tiempo que no emanaba una de esas. Sintió una extraña sensación en la espalda, era una ráfaga de viento que la abrazaba por atrás, pudo percibir el frió otra vez. Sentía el sabor agrio de una boca que había estado cerrada por mucho tiempo. Su piel se puso de gallina, la emoción de volver a vivir la tenía casi en colapso, histérica, pero irradiante. El destino le daba vida de nuevo: igual, mejor, peor que la anterior, no importaba, lo importante era sentirse mujer otra vez. Gritaba de alegría y no sabía qué hacer. Vio la sangre en el piso y se asustó. La muerte había venido por ella, pero al encontrarla indefensa, vulnerable, tímida, yaciendo en el piso, la dejó, le dio una nueva oportunidad. Al caminar, pisó los restos del vidrio que estaban en el piso. Sintió el dolor en sus pies descalzos y vio como la sangre salía por los cortes. Poco le importaba el dolor, se encontraba en un gran momento de sensualidad. Aunque habían querido quitarle su vida, ella había vuelto, no la quiso dejar sola. Sabía que estás oportunidades no se repetían, se aferraría con manos y uñas a este mundo, no quería estar en el más allá, sino en el más acá.
Fue cuando por primera vez se sintió extasiada.

Extasiada en un sueño
Súper suave y tropical
Mi temperatura está subiendo
Y la anestesia de tu cuerpo
No me deja despertar

domingo, junio 18, 2006 a las 4:07 a. m.

Padre que estás en los Cielos

Mi padre se fue hace cuatro años. No, no nos abandonó como suele suceder en algunas familias chilenas, más bien su llama que ardía dentro se detuvo. Se fue apagando poco a poco y en cuatro meses no era ni la sombra del hombre que conocí por más de dieciseis años. Se fue, dejando una familia sumida en una pena que sigue cargando, aunque ya han pasado cuatro años desde ese cinco de febrero.
Con mi familia llevamos un luto por un año, aunque yo sólo lo hice por diez meses. Fue un día cuando me sentía enfermo por lo que partí al hospital, sentí que llevar una polera negra, con un sol de primeros días de diciembre, no era lo más ideal. Fue cuando necesité liberarme de ese caparazón negro que llevaba. Fue cuando decidí llevar una polera azul y terminar el luto de una vez y dejar descansar a papá en paz. Aunque fui el único de la familia que lo hizo. El resto del clan, llevó un negro meticuloso durante el primer año de muerte de mi padre. Nunca supe si fue por algo protocolar, católico, o por alguna cosa específica, pero por algo fue… quizás tradición.
A mis sobrinas les dijeron que el tata estaba en el "cielo", pero por mala suerte nadie me puede asegurar de forma fehaciente que ese lugar realmente existe. Me cuesta creer que por libros escritos hace miles de años, que dicen que el "cielo" es el lugar donde van las buenas personas y que es verde y lindo y que bla, bla, bla... yo prefiero pensar que papá esta en alguna playa desierta, con su caña de pescar y sus accesorios de pesca, tratando de tener la suerte de atrapar un gran pescado y cuando eso suceda él volverá. Por lo que mi plato con ensalada esperan ese día de la gran cena familiar con un pescado atrapado por papá.
Pero aunque suene infantil eso de esperar a papá, es lo más maduro, en comparación a mi familia. No quiero que suene que soy una persona fría, pero ellos aún no lo superan. Me es normal ver a mamá o a cualquiera de mis hermanos, llorando por la casa, a pesar del tiempo transcurrido. Para ellos todo sería un poquito más cool si él estuviera entre nosotros, pero no lo es. Es que simplemente no lo pueden aceptar y, a veces, ir al cementerio en familia, es como volver a revivir el funeral: los llantos comienzan de nuevo y es difícil pararlos.
¡”Paren de sufrir”¡, les grito en sus caras. Ellos no me escuchan. No entienden por qué no voy a la iglesia cada cinco de mes. Tampoco entienden que me cargan los “homenajes” que a veces se le hacen a papá, ni por qué no voy más seguido a verlo al cementerio cuando estoy en casa.
Querida y sagrada Familia: saben que los amo, pero a papá yo lo recuerdo acá, bien adentro de mí, siento que está conmigo y me protege, es más, ahora puede escuchar su voz en mi oreja, me está diciendo cada palabra que estoy escribiendo.


Pd1: Hágale caso a la publicidad de la multitienda verde, protagonizada por conductor de realitys, ¡disfruten a sus viejos!