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My World

domingo, abril 23, 2006 a las 10:22 p. m.

Frustración Bohémica

La vida bohemia de Coquimbo no es para mí. Me aburre. Aún no entiendo por qué existe el reggeton y por qué lo permiten en cada disco que voy. Inconcebible. No más gasolina para mí. Lástima que la única disco decente que me gustaba, fue cerrada en el verano. Nadie iba, según me contó el Baeautiful.
La semana pasada fui al “Barrio Inglés”. El carrete se veía divertido (acá más info), en un pub con nombre de ciudad cuna de The Beatles. Sonaba interesante. Los flayers que encontré por la U, incitaban a una tipo de música que me gusta. Olía a carrete ideal. Pero no. Había olvidado que el Barrio Inglés me odia, que no existe uno de sus tantos pubs o discos en los que me pueda sentir a gusto, que las veces que he ido, me he aburrido mil, y que no puedo creer que se llene con gente extasiada de ir a mover el traste al son de Daddy Yankee.
Fome. Nos tomamos una cerveza, mientras intentábamos escuchar los gritos del grupo pseudo punk alternativo que sonaba. El sonido era pésimo y aunque había menos de 25 personas, el local ya estaba lleno. Creo que no duramos más de una hora y nos fuimos, quedando a la deriva, sin saber si resignaros con ir a mover el cuerpo mientras sonaba “Pobre Diabla” en alguna disco, o buscar otro pub que se viese interesante. Ninguna de las anteriores, preferimos irnos a la casa y tomarnos el Baylis que nos esperaba. Era mejor.
Pero como el barrio me odiaba, algo malo tenía que pasar. Nos subimos a un taxi, mi roommate Vanessa, su amigo de Calama y yo. Fácil, el trayecto Coquimbo a La Serena no es muy largo, pero por una mala maniobra del chofer chocamos en una esquina, con un auto rojo que había parado en un semáforo. Genial, broche de oro para terminar tan bella noche.
El chofer se bajó, habló con el chofer del auto rojo y se fueron juntos. El chofer del taxi nos devolvió la plata y nos dejo en el paradero, para que esperáramos a otro taxi. Ni siquiera preguntó si nos había pasado algo. Nada. Y en realidad nada nos paso, sólo un golpe en la cabeza de mi amiga Vanessa. No muy grave.
En este punto es cuando me acuerdo que hace tiempo a Phink le pasó algo parecido.
Y de La Serena no es mucho lo que puedo contar. La Avenida del Mar, que tan dije suena, es para viejos. O sea no viejos, pero al menos llegando a los treinta. Es allí donde disfrutó Dr. Child! en vacaciones.
La única vez que fui a la Avenida fue horrible. Un viejo de larga melena cantaba canciones de Marco Antonio Solis y Miguel Bosé. Atroz, nunca más he ido a la Avenida, no es para mí.
Lo único que algo salva en el mundo carretero de La Serena, son las fiestas en La Casona, donde el año pasado me encontré con Stf-. Lo malo es que ya me perdí la primera que se hizo este año, el sábado que recién pasó, pero al menos sé que pronto vendrán más, la Universidad siempre queda empapelada con los flayers de La Casona.
Y también son buenas las fiestas en la una disco pseudo alternativa de La Serena, claro que ha esta voy poco, casi nunca tengo quién me acompañe, pero en una de esas pronto tendré compañía permanente.

PD1: Gracias a Limon que algo de ánimos me dio para escribir.
PD2: Saludos a todos los que leen. Y dobles saludos con los que además hablo por msn.